2015-09-22

Quesos y vinos

¿Con que comidas y quesos podemos acompañar a cada tipo de vino? Enterate en la siguiente nota y ponelo en práctica.

Quesos

Un buen vino es, para los blancos, el que tiene una buena definición aromática y una relación armónica entre la acidez y la graduación alcohólica, y entre los tintos, además, una buena calidad tánica. Pero también, un buen vino es aquel que está en armonía con el momento en que se bebe, aunque no sea un gran vino o no sea un vino conocido.

Por otro lado, un gran vino que no está en su apogeo, mal servido, muy caliente, muy frío o mal acompañado, puede perder buena parte de sus mejores cualidades. Por eso, para no cometer una herejía es muy importante tener en cuenta la ocasión en que se va a beber el vino y con qué platos se va a acompañar.

Todos los vinos varían enormemente según su añada, terruño y grado de madurez, y ofrecen sutiles matices de sabor capaces de producir sensaciones infinitas. La clave para disfrutarlos es conocer las variedades de uva con los que fueron elaborados; las más usadas en la Argentina son Malbec, Bonarda y Cabernet Sauvignon.

Con qué comidas acompañarlos:

Un vino Malbec acompaña a la perfección quesos estacionados, tostadas con tapenade, tamales, mollejas doradas, riñones a la provenzal o conejo a la cacerola. También fierritos, mousaká, magret de pato, pollo de campo especiado o codorniz con hongos confitados.

Un Bonarda Reserva es ideal para acompañar provoleta de queso de cabra a la plancha, fatay o shawarma, conejo con salsa de mostaza, ravioles de cordero en su jugo, arroz con chipirones y tinta de calamar, y carnes asadas como lechón, cordero o chivito cordobés.

Un vino Cabernet Sauvignon 2008 se disfruta doblemente con tablas de quesos ahumados, paté de conejo, empanadas al horno de barro y solomillo de cerdo o carré de cordero. También con guiso de lentejas, ojo de bife con papas y ratatuille o parrillada completa con polenta dorada.

Con qué quesos:

La combinación de quesos con vinos puede ser muy difícil porque algunos son tan fuertes que ni el más potente vino tinto llega a su altura y a la inversa, otros son tan neutros que hacen resaltar la acidez del vino. Por regla general, los blancos armonizan mejor con el queso que los tintos, los rosados con quesos de pasta blanda, los tintos de crianza con quesos duros y ahumados, los espumantes y el champagne con quesos de corteza enmohecida y de pasta blanda y los vinos dulces con quesos azules. Aquí, algunas sugerencias:

Blancos secos y rosados: con quesos tiernos de vaca y cabra de textura blanda o semiblanda.

Blancos jóvenes frutados: con quesos de vaca y cabra de pasta blanda y corteza enmohecida como el Camembert y las Quesadillas.

Tintos jóvenes frutados: con quesos curados de vaca como el Mahón o quesos de oveja semiduros como el Manchego o el Idiazábal.

Blancos con roble y tintos de crianza: con quesos curados de cabra, de vaca o de oveja como el Manchego y ahumados como el Idiazábal.

Espumantes: con quesos de vaca y cabra de pasta blanda y corteza enmohecida como el Brie, el Crottin o el Chevrottin y quesos de oveja jóvenes.

Vinos dulces blancos o tintos: con quesos azules como el Cabrales, el Gorgonzola y el Roquefort, quesos de oveja añejos y algo rancios como el Mahón.