2016-11-29

DIFERENCIAS ENTRE UN VINO MALBEC Y UN CABERNET SAUVIGNON

Una de las primeras preguntas cuando se comienza a tomar vino es cómo se perciben las diferencias entre un vino y otro.

DIFERENCIAS

El juego de las diferencias es simple: uno se concentra en lo que rompe cierta armonía entre dos o más cosas parecidas para definirlas.

Esquema de un Cabernet

Como es una variedad más compleja de cultivar que el Malbec, y más exigente también en materia clima, no ofrece mucha dispersión y los trazos son constantes.

Siempre es rojo. Y si además es un Cabernet Sauvignon bien hecho, digamos no exagerado, el color es rojo brillante como el rubí. Los aromas son más bien tímidos. No es demostrativo. Hay que indagarlo con la nariz para que despliegue su carácter, que en nuestro país va desde las frutas rojas en zonas frías al morrón asado en zonas más cálidas, con un trazo de pimienta o especias. Si hay o no madera, es asunto del vino.

Es en la boca donde el Cabernet muestra su carácter. De movida es algo incómodo al paladar, porque es ajustado como un pantalón chupín, y marca cualquier defecto o virtud. Al mismo tiempo es un tinto que avanza en forma lineal, como si tuviera un objetivo en la garganta. Y al cabo, deja una estela de intenso sabor frutado, bien entreverado con la acidez, como si justo nos hubieran soltado una gota de perfume refrescante en la quijada. Desde ahí crece.

Por eso, porque nos exige como bebedores, el Cabernet Sauvignon es una de la que el consumidor suele enamorarse después de haber bebido mucho Malbec.

El asunto con el Malbec es que está plantado en toda la Argentina, básicamente porque es una variedad que en todos lados da vinos razonablemente buenos. En algunos sitios, en cambio, da vinos con carácter. Y esos tienen sus constantes.

Siempre es violeta. Un violeta que puede ser brillante u opaco, según sea una zona fría o cálida. Aromáticamente es frutado y expresivo. No hace falta indagarlo para que abra sus aromas. Y al mismo tiempo ofrece algunas variantes: en zonas cálidas es especiado y frutal, como si a la ciruela le sumara romero y pimienta; en zonas frías, es frutado y floral, como si se olieran rosas o violetas, pero también acompañadas de un trazo mentolado expectorante. Y en zonas templadas, según el caso, ofrece todo junto. Son los más complejos.

Es en la boca donde más perfila como vino propio. Un Malbec siempre es amplio, de paso ancho, y ofrece un trazo mullido y de andar lento, como si avanzara entre almohadones. Pasa que esa gordura pierde carácter en zonas frías y ahí el juego de las diferencias es más complejo. Sin embargo, el Malbec en todas las regiones y formatos es más bien cómodo al paladar: como una prenda holgada y amable.

Por eso el Malbec siempre gusta. Y resulta una puerta de ingreso ideal para beber vinos, porque no hace falta experiencia ni compromiso para beberlo. En eso es cumplidor, un vino en el que todos nos sentimos confortables, pero en el que al cabo de las copas nos cuesta reconocernos, porque no dice mucho de nosotros.

Fuente: www.vinomanos.com