2016-05-12

DESCRIPTORES AROMÁTICOS DEL VINO

En la siguiente nota te contamos porque no es necesario ser un experto para disfrutar un buen vino.

DESCRIPTORES

El arte de catar es encontrar en nuestra memoria los gustos y olores que conocemos y lograr ponerlo en palabras. No es más que un análisis en el sentido de una descomposición para finalizar en un diagnostico calificativo. Sólo reconocemos lo que sabemos nombrar, y para que la sensación tenga un nombre, es necesario que éste se haya registrado en nuestra memoria. La cata pone el juego la memoria para la percepción, la identificación y también el juicio por comparación.

Se dice que un vino tiene menor o mayor complejidad aromática según sea la cantidad de aromas encontrados en él, y existen muchos de ellos que se pueden identificar con entrenamiento y constancia. La cata es, ante todo, un acto sensorial y con entrenamiento, se convierte en una actividad profesional. Se puede diferenciar una cepa de otra, estilos de vinificación, una zona determinada de producción, pero no es una tarea fácil y sólo se puede afinar ejercitando la nariz porque aquello que jamás fue registrado jamás podrá ser reconocido.

Cuando catamos lo primero que realizamos es lo que se llama “la primera nariz”, que es oler profundamente la copa de vino en el momento en que éste se sirve, para observar la intensidad aromática y para identificar los aromas y sus familias. Las sensaciones de nariz se clasifican en aromas primarios – característicos de cada variedad -, secundarios – relacionados con la etapa de elaboración – y terciarios o bouquet – adquiridos durante la crianza, evolución o guarda-.

Generalmente cuando hablamos de descriptores aromáticos que se pueden percibir en el vino, nos referimos a esos elementos que conocemos de la naturaleza, tales como flores, hierbas o frutas, que nos sirven para describirlo. Y para que nuestro interlocutor comprenda a que hacemos referencia, se utiliza un lenguaje universal y una terminología común para poder aproximar criterios.

Ann C. Noble es una de las más destacadas científicas sensoriales de la escena mundial, con vastísimos conocimientos sobre enología y viticultura. Creó “la rueda de los aromas“, una herramienta ideal para los conocedores del vino que sirve para describir sus aromas y sabores. Hizo una clasificación en familias de los mismos y fue el primer intento por estandarizar la terminología de la cata de vinos.

Los aromas se dividen en grupos. Las categorías primarias son doce: florales, frutales, especiados, vegetales, caramelizados, tostados, de la madera, terrosos, químicos, cáusticos, de oxidación y microbiológicos. A su vez, cada uno de éstos se desglosan (categorías secundarias) hasta llegar al elemento único (categoría terciaria). Por ejemplo: frutales/ cítricos/naranja.

Por supuesto que es más fácil encontrar dentro del segmento frutal, la familia aromática de los cítricos, antes que aventurarnos a afirmar que se trata de un fruto que nos recuerda a las cáscaras de naranja de Madagascar.

Su uso se popularizó y es ciertamente la que mejor reproduce los descriptores aromáticos del vino. Entonces, ¿qué se requiere para ser un catador de vinos? Entrenar el olfato, percibir y memorizar aromas. Tener una actitud receptiva. Hay que hacer varios intentos para activar los cajones de la memoria. Pero una vez que las evocaciones atraviesen el umbral, comenzará a comprobar que de un simple olfateo sabrá leer un vino

Fuente: www.lugardelvino.com

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